Tu destino sigue siendo tuyo
Un propietario, y tantas webs enseñándolo como haga falta
Albaia
La diferencia entre mantener un destino y enseñarlo es la regla que sostiene todo lo demás: quien lo cuida es el único que lo edita, y puede retirar el permiso cuando quiera.
Un patronato provincial enseña cien municipios que no mantiene. Una agencia vende destinos que no son suyos. Un hotel recomienda un casco histórico que no ha documentado. Los tres necesitan lo mismo: enseñar contenido ajeno sin adueñarse de él.
Un destino, un propietario
Cada destino tiene un solo propietario —quien lo mantiene— y es el único que puede editarlo. Distribuirlo es otra cosa: una autorización, que se da y se retira. Se puede autorizar un destino solo o con todo lo que cuelga de él: la provincia entera con sus pueblos, o nada más que la capital.
Por qué importa
Porque hace que el trato sea sostenible por los dos lados. El ayuntamiento sabe que su trabajo no se queda cautivo: si se va, se lleva su destino. Y el patronato sabe que no está manteniendo cien catálogos, sino enseñando cien que mantienen otros — y que si uno se marcha, su web sigue funcionando con el resto.
El horario que cambia en el pueblo cambia a la vez en todas las webs que lo enseñan, porque no hay copias: hay un catálogo y varias ventanas.
Está contado por casos —ayuntamiento, patronato, hotel, agencia, guía— en Soluciones.